Es mi opinión que un centro cultural público que sólo vende entradas, para ver sus actividades presencialmente, es limitado e injusto. Sin más lecturas sociales, quisiera reflexionar sobre el compromiso constitucional que todo centro cultural público tiene.“Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones. Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.”
Esto es el preámbulo de nuestra constitución, una declaración de intenciones que se van a desarrollar en otros artículos posteriormente, y su paradigma sobre la cultura es para todos, son dos frases que deben de regir los criterios de misión y visión del Centro Niemeyer.
La palabra todos, nos asusta y sin embargo es un concepto seguro, porque no es excluyente, sólo por eso nos debería de dar confianza. Todas y todos es aún más incluyente y no deja lugar a las dudas. Las dudas nos vuelven inseguros y tarde o temprano si no las resolvemos, cobardes. Cobardes para atrevernos a enfrentar el reto de llevar a todas y todos los habitantes de este territorio algo de lo que se muestra y produce en el Centro Niemeyer.
Algo, es algo, no es un vaso ni un plato, es algo, no mucho, pero eso sí, para todas y todos. Abandono el lenguaje críptico de nuestro preciso presidente, para exigir que las migas de pan de los conciertos, los talleres, las exposiciones, se repartan entre los excluídos por las limitaciones de la arquitectura. Se trata de romper el espacio físico y expandirse fuera.
Y afuera, en el espacio nacional, manda la mayor de las reglas sociales que construimos en conjunto, dice al final del apartado 2 del artículo 9 “…y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.” Por si no estuviera bien claro eso de todos los ciudadanos, más adelante en el final del 2 párrafo del artículo 25 insiste “ así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.” Y para que no quede duda de que así debe de ser, para vigilar que se cumpla este trato justo a todas y todos en lo cultural, en el primer apartado del artículo 44 de nuestra sacrosanta constitución dice: Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho.A estas alturas del partido, sea de fútbol o político, nadie en su sano juicio socialista puede pretender gestionar un centro cultural, sólo para los que pagan las entradas, tienen invitaciones o abonos.
Por ello es imprescindible salir de ese espacio restrictivo, que tiene un tufo privado y opaco, es necesario que se cumpla y respete la constitución, y que el Centro Niemeyer deje de ser privado.Cómo vamos a tener una calidad de vida si no podemos acceder a esa cultura pública. Yo al menos no puedo hacerlo. Un centro cultural, al margen de que exprese en su programación las necesidades de la población, debe de repartir equitativamente el ocio cultural. Esa equidad se debe de expresar en una difusión amplia y abierta a medios de difusión multimedia territoriales, y ser vistos en espacios públicos y cerrados a través de grandes pantallas y canales de difusión en redes sociales.
Es un privilegio poder acudir presencialmente a través del pago de entradas o de invitaciones a un gran concierto, pero debe de haber alguna opción para la población que no puede acceder a esas entradas y queda siempre excluída.Cómo es posible que los estupendos expectáculos de flamenco que se dieron en el Centro Niemeyer, no hayan tenido pases de cortesía sorteados entre estudiantes, músicos, miembros de etnia gitana, paradas y parados. O por qué las imágenes de esos conciertos y espectáculos no se transmiten en grandes pantallas colocadas en lugares públicos. O por qué no se involucran todos los negocios de hostelería de la ciudad en un modelo de negocio que potencie la gastronomía en beneficio de todas y todos y se abandona el modelo de concesión, que no funciona.
La palabra todos y todas puede asustar al gestor del Centro Niemeyer, pero yo prefiero antes que le quiten el apellido de internacional que el de público.
Es mi opinión
Omar Ramos
Observador
Esto es el preámbulo de nuestra constitución, una declaración de intenciones que se van a desarrollar en otros artículos posteriormente, y su paradigma sobre la cultura es para todos, son dos frases que deben de regir los criterios de misión y visión del Centro Niemeyer.
La palabra todos, nos asusta y sin embargo es un concepto seguro, porque no es excluyente, sólo por eso nos debería de dar confianza. Todas y todos es aún más incluyente y no deja lugar a las dudas. Las dudas nos vuelven inseguros y tarde o temprano si no las resolvemos, cobardes. Cobardes para atrevernos a enfrentar el reto de llevar a todas y todos los habitantes de este territorio algo de lo que se muestra y produce en el Centro Niemeyer.
Algo, es algo, no es un vaso ni un plato, es algo, no mucho, pero eso sí, para todas y todos. Abandono el lenguaje críptico de nuestro preciso presidente, para exigir que las migas de pan de los conciertos, los talleres, las exposiciones, se repartan entre los excluídos por las limitaciones de la arquitectura. Se trata de romper el espacio físico y expandirse fuera.
Y afuera, en el espacio nacional, manda la mayor de las reglas sociales que construimos en conjunto, dice al final del apartado 2 del artículo 9 “…y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.” Por si no estuviera bien claro eso de todos los ciudadanos, más adelante en el final del 2 párrafo del artículo 25 insiste “ así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.” Y para que no quede duda de que así debe de ser, para vigilar que se cumpla este trato justo a todas y todos en lo cultural, en el primer apartado del artículo 44 de nuestra sacrosanta constitución dice: Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho.A estas alturas del partido, sea de fútbol o político, nadie en su sano juicio socialista puede pretender gestionar un centro cultural, sólo para los que pagan las entradas, tienen invitaciones o abonos.
Por ello es imprescindible salir de ese espacio restrictivo, que tiene un tufo privado y opaco, es necesario que se cumpla y respete la constitución, y que el Centro Niemeyer deje de ser privado.Cómo vamos a tener una calidad de vida si no podemos acceder a esa cultura pública. Yo al menos no puedo hacerlo. Un centro cultural, al margen de que exprese en su programación las necesidades de la población, debe de repartir equitativamente el ocio cultural. Esa equidad se debe de expresar en una difusión amplia y abierta a medios de difusión multimedia territoriales, y ser vistos en espacios públicos y cerrados a través de grandes pantallas y canales de difusión en redes sociales.
Es un privilegio poder acudir presencialmente a través del pago de entradas o de invitaciones a un gran concierto, pero debe de haber alguna opción para la población que no puede acceder a esas entradas y queda siempre excluída.Cómo es posible que los estupendos expectáculos de flamenco que se dieron en el Centro Niemeyer, no hayan tenido pases de cortesía sorteados entre estudiantes, músicos, miembros de etnia gitana, paradas y parados. O por qué las imágenes de esos conciertos y espectáculos no se transmiten en grandes pantallas colocadas en lugares públicos. O por qué no se involucran todos los negocios de hostelería de la ciudad en un modelo de negocio que potencie la gastronomía en beneficio de todas y todos y se abandona el modelo de concesión, que no funciona.
La palabra todos y todas puede asustar al gestor del Centro Niemeyer, pero yo prefiero antes que le quiten el apellido de internacional que el de público.
Es mi opinión
Omar Ramos
Observador
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